Muy bien, les voy a contar una historia.
Hace unos días, fui a comer con mi familia a unas tostadas (buenísimas, déjenme decirles).
Estábamos ya en la sobremesa y un joven, de unos 30 años, entra al restaurante, llevaba su guitarra, normalmente presto mas atención a la conversación en la mesa que a gente como el, pero esa vez, fue al contrario.
El joven hacia bien lo que hacia y se le notaba que le gustaba, así que solo por eso, empecé a buscar cambio, me levante, fui hasta él, detuvo su canción, y me tendió su mano buena. Su mano buena. En un momento de incertidumbre bien disimulado de mi parte me di cuenta de que en ves de en vez de dedos tocando las cuerdas, tenia un garfio-sujetador-de-uñas-de-guitarra-¿improvisado?
"Gracias" dijo. "De nada" respondí. Y regrese a mi lugar.
No mi impacto tanto el hecho de que estuviera manco, si no que se podía sentir el amor hacia la música mientras tocaba; y que a pesar de encontratse no solo con una piedra, si no, con una montaña en su camino, simplemente tomó su guitarra y la rodeó.
Termino su ronda de canciones y se acerco a las mesas, vi que varia gente le daba igual que yo. "Espero que sientan lo mismo que yo" pensé.
Al irnos del restaurante, mi mamá me pregunto si le había dado por su mano, yo le dije que si, sin decirle a nadie, mas que a ustedes, lo que en realidad había pensado.
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Déjame decirte algo
miércoles, 19 de agosto de 2015
Hola, si, te hablo a ti, a ti que pasas por algo difícil, te quiero dar un consejo que sé que te va a ayudar...
Llora por todo y por nada, llora por lo más simple y por lo más complicado, llora por lo más grande y lo más pequeño.
No se por qué estás pasando, no conozco tu situación, no se que tan dificil sea, no sé que tan dura sea, pero sí sé algo: tienes que decirlo, escribirlo, dibujarlo, expresarlo. O llorarlo.
Llora por todo y por nada, llora por lo más simple y por lo más complicado, llora por lo más grande y lo más pequeño.
Simplemente llora. Sácalo todo. Llora hasta la última lágrima. Llora.
Ya se que es difícil abrir esa herida que parecía ya haber sanado, puede que hasta de miedo, y eso esta bien. Pero te aseguro ésta vez la herida sanara mejor, tanto así que ya no será una herida, sino una cicatriz.
Confía en mi, te sentirás mejor, mucho mejor.
"Si te tragas todas tus lágrimas, al final te ahogas".
Basado en The Maze Runner
viernes, 2 de enero de 2015
15 metros, miedo.
10 metros, adrenalina.
5 metros, esperanza.
5 metros, esperanza.
0 metros, llegue.
Caigo de rodillas. Respiro entrecortadamente. Siento mis pulsaciones en los oídos.
Caigo de rodillas. Respiro entrecortadamente. Siento mis pulsaciones en los oídos.
Cuento a todos los que ya llegaron, 19, falta uno.
Suena la alarma.
Se acabó el tiempo, ese último está perdido.
La alarma ya no suena, todo está en silencio.
-Felicidades.
La voz está detrás de mí, es Z, el estúpido que nos metió en esto.
La voz está detrás de mí, es Z, el estúpido que nos metió en esto.
-Seguirán aquí hasta mañana.
Un chico que está sentado en el suelo, con los codos en las rodillas se levanta y camina hacia Z, levanta el puño para golpearlo, antes de hacer contacto el chico se desmaya, nadie se mueve.
Z sonríe ante nuestra estupefacción, se desvanece, era un holograma.
Z sonríe ante nuestra estupefacción, se desvanece, era un holograma.
-Hijo de perra.
Dice alguien detrás de mí.
Un olor dulzón me llega a la nariz, me mareo.
Se me olvida como caminar.
Mis labios hormiguean.
No distingo los colores.
Se me olvida como sostenerme en pie.
Todo se obscurece.
Se me olvida como caminar.
Mis labios hormiguean.
No distingo los colores.
Se me olvida como sostenerme en pie.
Todo se obscurece.
Basado en American Horror Story II
lunes, 15 de diciembre de 2014
Termine de guardar todos mis no tan preciados libros en mi
casillero y me llegó un texto, creí que vería el nombre de Nick en la pantalla,
pero no, en vez de eso era un número desconocido el mensaje decía:
Y yo le respondí.
-¿Quién eres?
Pero la persona continuo como si yo no hubiera tecleado
nada.
-Se llama frio y
caliente.
-¿De qué hablas?
-Entre más cerca
estés, más caliente estarás.
-¿Eh?
-Ahora estas más frio
que caliente.
Empecé a caminar, esto es extraño, pensé, un montón de estudiantes salía apresuradamente de los salones, era de esperarse porque era el último día de clases. Llegué al final del pasillo, doble a la izquierda y me llego un mensaje.
Empecé a caminar, esto es extraño, pensé, un montón de estudiantes salía apresuradamente de los salones, era de esperarse porque era el último día de clases. Llegué al final del pasillo, doble a la izquierda y me llego un mensaje.
-Frio.
Así que fui al lado contrario.
-Caliente.
Seguía caminando mientras alguien me decía las direcciones
por mensaje hasta que llegue a un pasillo con una puerta al final y dos a los costados.
En la pantalla de mi celular se leía:
-Decide.
Escogí la puerta de la izquierda.
-Te quemaste.
En la esquina más alejada de la puerta había un chico
recostado en una silla con los pies en la banca que tenía enfrente y tenía un
móvil en la mano tendría unos ¿15? ¿16? Nos quedamos quietos, mirándonos el uno
al otro. Yo sentía que lo había visto en otro lado, que lo conocía.
-Siéntate, me canso con solo verte.
Me senté en el escritorio del profesor.
-¿Dónde conseguiste mi número?
Me guiño un ojo y entonces recordé. En el juicio de mi
hermano, cuando le dictaron su sentencia hace un mes.
-Te conozco.
-Gran novedad.
-Te vi en el juicio.
-Es correcto.
-¿Quién eres?
-Ian.
-Ian ¿qué?
-Young.
-¿Y qué quieres?
-Que pagues.
-¿De qué hablas?
-Nada de lo que estes enterado.
-No lo entiendo.
-Te lo explicare. Tenemos todo el día.
Alguien abrió la puerta y me paré de golpe.
Era Ben, el conserje.
-¿Qué haces aquí?
Dijo tan gruñón como siempre.
-Vine a buscar mi teléfono. Aquí esta.
Saqué mi celular del bolsillo del pantalón, Ben hizo ademan
de no importarle y empezó a barrer el piso del salón, parecía que el conserje
no veía a Ian, le dediqué una mirada extrañada. Me sonrió como lo haría un mago
que logra sorprender a su público.
Se levantó tranquilamente, sin prisa, tomo el teléfono,
avanzó entre las hileras de pupitres, se detuvo junto a mí y me susurro en el
oído.
-Nos vemos Bromley.
En las siguientes dos semanas lo vi tres veces más: la
primera fue por la mañana, en un Starbucks a dos cuadras de mi casa, juro que
estaba recargado en un poste de luz afuera del local. La segunda vez, estaba yo
cerrando la ventada de mi cuarto y él estaba en el pórtico del vecino de
enfrente, esta noche sentí que alguien me observaba, tenía que ser paranoia
¿cierto?... ¿Cierto? Ambas veces recibí mensajes, “hirviendo” y “más caliente
que frio”, respectivamente.
La última vez fue en mi cuarto, llegue a mi casa y me
empezaron a llegar textos como en el colegio, cuando abrí la puerta de mi
cuarto decía “te quemaste”. Ese tío
estaba en mi cuarto, sentado en mi cama, viendo una foto de cuando Chris y yo
éramos niños.
-¿C….cómo entraste?
-Forcé la cerradura.
-¿Por qué siempre me sigues?
-Tengo que.
Su indiferencia me enojaba tanto que me.... era tan… ¡Aghh!
Tome el cuello de su playera y lo levante de la cama.
-¿¡Qué quieres!? ¡Venga, ya dimelo!
Se zafó y en cambio tomó el cuello de mi sudadera y me
estrelló la espalda contra la pared. Este
chico es fuerte.
-¿Ves esto?
Me mostro un pequeño punto rojo sangre en su cuello.
-Esto. Esta mierda me quitó la vida.
-¿¡De qué hablas!?
Los ojos se me empezaron a humedecer, estaba desesperado
porque no me podía dar una respuesta completa y con sentido.
Se acercó a mí y hablo en un susurro, un susurro que parecía
gruñido.
-¿Sabes por qué tu hermano está preso?
La pregunta me desconcertó.
-Se metió en una pelea con un policía.
En vez de afirmación, sonó como pregunta. Era mi mejor amigo
y el mejor hermano y ahora estaba en una jaula donde lo tratan como a un animal
rodeado de un montón de criminales y asesinos a sangre fría.
-¿Eso te dijeron? ¿Esa es la historia que te contaron?
Su voz era una mezcla de burla y desprecio, seguía
presionándome con la pared.
-¿Qué quieres decir?
-Tu hermanito.
Su voz parecía veneno. Susurro la última parte junto a mi
oreja.
-Me enterró un pica hielo en la yugular.
-Estás loco… Necesitas un psicólogo.
No entendía nada.
-¿Por qué crees que estoy aquí? ¿Por qué crees que aún no he
“descansado en paz”?
Me miraba a los ojos, trataba de sostenerle la mirada, de
ser fuerte, no podía, su mirada era dura, intimidante y llena de odio.
“¿Descansando en paz? No
puede estar… No, no… eso no es lógico… creo que soy yo el que necesita un
psicólogo… ese tipo está vivo y en un momento me va a mostrar todas las cámaras
escondidas que hay en el lugar.
Me soltó y dio un par de paso hacia atrás sin dejar de
mirarme. Se encaminó hacia la puerta pero antes de cruzar el umbral ya no
estaba. Como polvo cuando la luz lo deja de alumbrar.
Me quede como estaba, con la espalda en apoyada en el muro y
conmocionado hasta no poder respirar. Me
voy a volver loco. Me deslice por la pared, mis piernas ya no me aguantaban,
me cubrí la cara con las manos y apoye los codos en las rodillas, estaba en
shock, necesitaba un momento, un momento muy largo.
Y por fin las lágrimas se apresuraron a salir, lágrimas de
estrés, lágrimas de confusión, lágrimas de miedo.
Basado en American Horror Story
sábado, 15 de noviembre de 2014
-¡Qué quieres! ¡Venga, ya dímelo!
Tomó el cuello de mi sudadera y me estrelló la espalda contra la pared.
-Ves esto.
Me mostró un pequeño punto rojo sangre en su cuello.
Las últimas palabras las remarcó como si yo fuera estúpido.
-¡Ese es tu problema, no el mío!
Los ojos se me empezaron a humedecer, estaba desesperado, lo quería fuera de mi vida.
Se acercó a mí y hablo en un susurro, un susurro que parecía gruñido.
-¿Sabes por qué tu hermano está preso?
La pregunta me desconcertó.
-Se metió en una pelea con un policía.
En vez de afirmación, sonó como pregunta. Era mi mejor amigo y el mejor hermano y ahora estaba en una jaula donde lo tratan como a un animal rodeado de un montón de criminales y asesinos a sangre fría.
Su voz era una mezcla de burla y desprecio, seguía presionándome con la pared.
-¿Qué quieres decir?
-Tu hermanito.
Su voz parecía veneno. Susurro la última parte junto a mi oreja.
-Me enterró un pica hielo en la yugular.
-Mientes.
Dije automáticamente.
-¿Por qué crees que estoy aquí? ¿Por qué crees que aún no he “descansado en paz”?
Me miraba a los ojos, trataba de sostenerle la mirada, de ser fuerte, pero no podía, su mirada era dura, intimidante y llena de odio.
-No… no lo sé.
-Yo tampoco, pero tú me vas a ayudar a descubrirlo. Quieras o no.
Me soltó y camino hacia atrás unos pasos sin dejar de mirarme. Se dio la media vuelta y antes de dar la vuelta en el pasillo ya no estaba, como polvo cuando la luz lo deja de alumbrar.
Me quede como estaba, con la espalda en apoyada en el muro y conmocionado hasta no poder respirar. Me deslice por la pared, mis piernas ya no me aguantaban, me cubrí la cara con las manos y apoye los codos en las rodillas, estaba en shock, necesitaba un momento.
Y por fin las lágrimas se apresuraron a salir.
Hermano #18
lunes, 15 de septiembre de 2014
Cuando tenía dos años estuve con la familia Lake (de ahí viene mi apellido) y tenía una hermana de 4 años y un hermano de 5, regrese al Centro a los 6 meces, ya saben lo que dicen, tres son multitud.
A los tres años fui con otra familia, eran jóvenes, no más de 25 años, al mes decidieron que un crio era mucha responsabilidad y un día la Srta. Rossel fue a recogerme de la casa.
Apenas unos meces después de cumplir los cuatro años y una familia me adopto, en total eran cinco hermanos, una de seis llamada Jocelyn o Jasmine o Jessica, unos gemelos de ocho, alguno de los dos empezaba con A... ¿Alexander? Un niño de once y una chica de dieciséis, me fui de ahí a los cinco años.
Un año y medio después una familia con una hija de mi edad me llevaron a su casa, ella era algo.... tímida con los extraños, por lo que las primeras semanas eran... algo... incomodas, después ella me empezó a prestar sus muñecas y jugábamos juntas a la casita, al té y cosas de niñas. Pero mis "padres", a largo plazo se dieron cuenta de que no podían alimentar a dos bocas y la Srta. Rossel toco nuestra puerta.
Un año y medio después una familia con una hija de mi edad me llevaron a su casa, ella era algo.... tímida con los extraños, por lo que las primeras semanas eran... algo... incomodas, después ella me empezó a prestar sus muñecas y jugábamos juntas a la casita, al té y cosas de niñas. Pero mis "padres", a largo plazo se dieron cuenta de que no podían alimentar a dos bocas y la Srta. Rossel toco nuestra puerta.
Desde los seis años hasta los trece estuve en seis casas más, y tuve 9 hermanastros en total, desde hace unos 10 meces he estado en el Centro, esperando alguna solicitud para una niña de 14 años.
Entonces me llamaron para conocer al señor y señora Westfort.











